VIOLÍN SONATAS DE ELISABETH JACQUET DE LA GUERRE DE LINA TUR BONET (NdP)

Elisabeth-Claude Jacquet de la Guerre fue una mujer del s. XVIII que ocupó su lugar en el Parnaso de los creadores del barroco. Acompañada por los músicos Kenneth Weiss y Patxi Montero, Lina Tur Bonet quiere reivindicar a la compositora por su valor propio, recordándola hoy por su merecido lugar entre los compositores más célebres, y no sólo por el mero y curioso hecho de ser una compositora femenina.


Imagen de Lina Tur Bonet / Sello Pan Records



Elisabeth Jacquet de la Guerre (1665-1729)

Violin Sonata No. 1 in D Minor
Adagio
Presto
Adagio
Presto-Adagio
Presto
Aria
Presto

Violin Sonata No. 2 in D Major
Presto
Adagio
Presto
Presto

Violin Sonata No. 3 in F Major
Adagio
Presto
Adagio
Presto
Aria
Adagio

Violin Sonata No. 4 in G Major
Lent-Presto
Presto-Lent
Presto
Adagio
Aria

Violin Sonata No. 5 in A Minor
Lent
Presto
Adagio
Courante
Aria

Violin Sonata No. 6 in A Major
Allemande
Presto
Adagio
Aria
Adagio
Presto
Aria


Sobre Elisabeth Jacquet de la Guerre

Cuentan que podría haber sido uno de los caprichos de Madame de Montespan, una de las favoritas de Louis XIV -quien llegaba a recorrer hasta 60 km a caballo para gozar de los favores de sus damas- lo que terminaría de impulsar al monarca a hacerse cargo personalmente del mecenazgo de la joven prodigio parisina.

Pero podemos creer que el Rey Sol, amante y patrocinador de artes y artistas, no debió albergar dudas cuando el organista, masón y bien relacionado Claude Jacquet presentó a Elisabeth, su pequeña hija de cinco años, en una de las veladas en Versalles, donde todos pudieron admirar la belleza de su voz y las maravillas y el talento de la precoz niña al clavicémbalo.

Louis XIV la animó a “cultivar el maravilloso talento que le había dado la naturaleza”, de manera que la joven se mudó a Versalles, donde la citada Madame de Montespan la criaría con sus propios hijos, y donde recibiría una educación exquisita, pasando a formar parte de la más cultivada sociedad francesa y del universo versallesco.

Élisabeth fue llamada durante todo ese tiempo “La petite merveille” o “La merveille de notre siècle”, y ante su genio hubieron de rendirse todos los maestros de la época. Su mérito y fama no dejaron de ir en aumento en París, y todos los grandes músicos y entendidos acudían diligentemente a oírla tocar el clave.

Esta época de esplendor y sus gratas vivencias se verían, sin embargo, truncadas en un corto espacio de tiempo. En unos pocos años, Elisabeth perdería a la mayoría de sus personas cercanas: su madre, su padre, su hermano Nicolás, su marido y hasta su único hijo de diez años de edad, también un prodigio del clave.

La compositora se recluyó en su intimidad durante varios años, y los amantes de su música tuvieron entonces que esperar hasta 1707 para su siguiente publicación que incluiría la colección de sonatas para violín. Esta nueva Jacquet de la Guerre reaparece con madurez, reflexión y sabiduría regalándonos a los violinistas una de las más exquisitas y desconocidas páginas que nuestro repertorio, ya de por sí tan extenso y magnífico, posee.

La honda expresividad que impregna su música, el amor a los detalles, la sabiduría de su mètier, la variedad de estados de ánimo y de formas, así como el contraste entre la intimidad y elegancia más francesa y el temperamento arrebatado tan italiano que destilan sus composiciones la convierten en una compositora que representa perfectamente el espíritu barroco y la parte más universal de éste.

Nos deja ella así como legado una obra fantástica que le da su valor propio en el parnaso de los creadores del barroco, reclamando su merecido lugar entre los compositores más célebres y no sólo por el mero y curioso hecho de ser una mujer compositora.

Fuente: Nota de Prensa de Lina Tur Bonet