ENTREVISTA A EMILIO MORENO

Consideramos esta pregunta indispensable para comenzar ¿Qué es para usted la música? 

Ni yo mismo lo sé: quizás fuera Debussy el que la definió de una manera que me es muy próxima: “la música es una cosa libre que está por todas partes, que no está ceñida a nada… la música es vivir la vida”.

Entre la filosofía y la música usted se decantó por esta última. ¿Por qué? ¿Cuánto hay del Moreno filósofo en el Moreno músico?

No me decanté ni por la una ni por la otra ya que la filosofía como forma de vida, querámoslo o no, sepámoslo o no, es parte intrínseca del desarrollo de cada individuo desde el momento en que éste se pregunta y reflexiona sobre cualquier cosa. Estudiar filosofía (y más que estudiar, ser consciente de cómo la filosofía impregna nuestra vida) fue para mí sobre todo tomar conciencia de la necesidad de hablar conmigo mismo y adquirir las herramientas necesarias para hacerlo. Como decía Baudelaire, lo más lamentable del ser humano es arrojarse en la multitud y el ruido porque no nos podemos soportar a nosotros mismos, nos da miedo o no queremos (o no sabemos) hablar con nosotros mismos, y nos repele vivir el silencio. La música es pensamiento y el pensamiento es música. Son indisociables. 

Además de la recuperación de la música antigua española usted ha dedicado gran parte de su trabajo a las obras de Boccherini ¿Cómo, cuándo y dónde lo descubrió y qué tiene su música para dedicarse a ella?

Ya de estudiante en Suiza, nostálgico de mis raíces hispanas y buscando repertorio español que reivindicar frente a mis amigos franceses, italianos o alemanes que con sus Couperin, Lully, Monteverdi, Vivaldi, Bach o Handel podían pasarse toda su vida reivindicando su “propia” música, descubrí en la figura del toscano Boccherini al autor de, posiblemente, la música más “española” del XVIII, sintiéndome inmediatamente profundamente identificado con él y su obra. Cuanto más me adentraba en sus composiciones mas me enamoraba su estilo peculiar, tan alejado del modelo vienés de sus contemporáneos Haydn o Mozart, y sin embargo tan vivo y atractivo como el de aquellos, tan personal y a la vez receptor de una tradición “española” que hace suya desde que pone los pies en España muy joven para ya nunca abandonarla. Y no me refiero únicamente a los fandangos, las tiranas o las seguidillas: la música de Boccherini está llena de melodías, ritmos, armonías y giros que sin caer en la españolada entroncan directamente en la música “autóctona” que se hacía en España en el XVII y el XVIII.

En su último disco “Apocryphal sonatas” se plantean las transcripciones como necesarias para preservar la esencia de una obra. ¿Cómo se realiza y cuánto hay del transcriptor en el resultado final?

La transcripción (o la adaptación, o la “parodia”) ha existido siempre y prácticamente todos los compositores han traficado con su propia música o con la de otros autores para adaptarla a nuevas circunstancias y situaciones. Incluso la mera interpretación de una obra linda frecuentemente la transcripción cuando a ella se añaden elementos como la improvisación y la ornamentación, que si bien hoy son elementos que están prácticamente descartados en la interpretación llamémosla convencional, hasta bien entrado el siglo XIX fue una praxis habitual y obligatoria. Con este disco hemos querido recuperar esa labor tan común en el siglo XVIII como fue el adaptar a los medios que se tenían a la mano (en nuestro caso un violín y un clavecín) obras de formatos diferentes (en nuestro caso tríos, cuartetos y quintetos). Como experimento, nos servimos de transcripciones contemporáneas a Boccherini en el caso de dos de las piezas, mientras que en otras dos las transcripciones las hicimos nosotros mismos utilizando, eso sí, criterios históricos tal y como lo hubieran hecho un violinista o un clavecinista boccheriniano. El resultado final es la “recuperación” en un formato diferente, de obras especialmente queridas por nosotros que en su disposición original no nos hubiera sido posible tocarlas, práctica habitual en la vida musical del pasado… 

¿Qué falta por hacer o descubrir en la recuperación de la música antigua española?

Se ha hecho y se está haciendo mucho por la recuperación de la música histórica española, especialmente en los últimos años en los que una joven generación de musicólogos e intérpretes enormemente talentosos ha irrumpido con un encomiable vigor y capacidad. Pero aún falta mucho por descubrir dentro de ese tesoro que es el patrimonio histórico musical español. La punta del iceberg que conocemos hoy, siendo notoria y cada vez de mayor tamaño, sigue mostrando una pequeña muestra de lo que aún queda por sacar a la luz y que ha de depararnos maravillosas sorpresas. 


¿Cuál cree que es el estado de salud actual de la música?
Preocupante, muy preocupante. Por un lado el nivel de los músicos españoles es cada vez más alto con la enorme (y puede que positiva) competitividad que ello conlleva; por otro no hay público suficiente para mantener viva una vida musical normalizada. Y si a ello añadimos una política cultural deficiente, una falta de criterios notable en los responsables culturales, una ausencia clamorosa de apoyos públicos y privados, una gestión económica y fiscal de la música enormemente restrictiva y alambicada, entonces no queda más que angustiarse por el futuro a la vista de una precariedad que cada vez se hace más evidente entre los jóvenes músicos profesionales, cada vez más y mejores, y cada vez con menos conciertos y peor pagados en perspectiva. Por no hablar de temas tan obtusos y absurdos como negar la compatibilidad de la enseñanza con la vida de conciertos por parte de tantos conservatorios y consejerías de cultura que impiden a muchos que enseñan producirse como concertistas; o por no hablar de las dificultades de los músicos que se han jubilado en la enseñanza a la hora de continuar su actividad concertística dadas las multas y penalizaciones que pueden sufrir en sus pensiones.

Usted se dedica tanto a la interpretación como a la docencia musical, ¿Cuándo se aprende más? ¿Estudiando para un concierto o enseñando?

Un músico no debería nunca dejar de estudiar y aprender. Enseñar es compartir con alguien la experiencia que te han pasado tus maestros y la que tú has desarrollado por tu cuenta. Tanto se aprende del estudio personal como con la relación con alguien al que transmites tu experiencia. No concibo el enseñante que no puede transmitir la experiencia personal del día a día de la relación personal del intérprete con la obra y el público. Un estudiante es frecuentemente el espejo en el que se ve el docente y que le ayuda, si sabe verlo, a descubrir los defectos propios.

¿Algún consejo u observación a la hora de escuchar música?

La música hay que escucharla en silencio y dedicarle absolutamente toda la atención a fin de penetrar hasta sus últimos resquicios. La música no es solamente melodía y armonía, horizontalidad y verticalidad, sino que éstas existen dentro de una serie de estructuras internas mucho más profundas y complejas que una bella melodía o unas sucesiones maravillosas de acordes. No me alegro cuando alguien me dice que le ha gustado mucho un disco mío, que lo lleva y lo oye en el coche, lugar ruidoso por excelencia y en el que, además, la atención no ha de estar precisamente para descubrir lo que la música esconde. Por esa misma razón detesto la música ambiental, música que no se escucha y que sirve para embrollar aún más el espacio sonoro. Las veces que peor me he sentido como músico ha sido cuando, de estudiante y para ganar dinero, tocaba en Suiza en un restaurante de estrellas michelin mientras los distinguidos clientes comían y bebían en un ambiente “elegante” con “exquisita” música de fondo (Telemann, Boismortier, Couperin, Haendel) que cubría sus conversaciones, un runrún perpetuo cargado de total indiferencia por lo que hacíamos.

Y para cerrar la entrevista otra pregunta obligatoria, ¿Qué es el silencio?

El silencio, encontrarlo, es mi obsesión: todo el mundo puede hallar el silencio en su interior pues, aunque estemos rodeados de ruido, el silencio existe. El silencio es hoy el nuevo lujo, el mas exclusivo y perdurable de todos los lujos. El silencio absoluto existe más como un sueño que como una realidad, existe pero no se oye. Y al final, después de tocar algo, lo que queda es el silencio.


Imagen de Emilio Moreno